1) El
calor del ambiente actúa como acelerador en el crecimiento de microorganismos
haciendo más fácil la infección.
Una infección intestinal requiere en general sobre un millón
de células de microorganismos por gramo de alimento. Aquellos alimentos
que se dejan a temperatura ambiente o están disponibles en fuentes
que se recalientan a menos de 70 grados Celsius, son propicios focos de
crecimiento de microorganismos.
2) Los procesos de limpieza de utensilios de cocina o de máquinas
de procesamiento de alimentos son poco frecuentes, incompletos o deficitarios.
Los microorganismos están presentes en el ambiente; en las manos,
en las aguas, en los mismos alimentos o en las superficies de utensilios
de cocina.
El aseo correcto debe realizarse con detergentes que arrastren los microorganismos
existentes. Esto se logra cuando se utiliza esponjas limpias, y se utiliza
agua caliente que arrastra con mayor eficacia los residuos grasos donde
pululan los microorganismos; muchas veces en verano utilizamos agua fría
en el lavado.
Los focos de estafilococos o bacilos céreos y las infecciones intestinales
más frecuentes, son producto de estas fallas en la limpieza. Debemos
conocer que si un alimento o utensilio está a temperatura ambiente
o entre 15 y 70 grados Celsius, el desarrollo numérico de estos
microorganismos es proporcional al tiempo; si partimos con sólo
una célula se requieren 12 horas a temperatura templada para que
se alcance la cifra de un millón de microorganismos. Si partimos
de platos preparados y no refrigerados esta cifra se alcanza en 2 horas.
3) En verano es más importante cuidar los procedimientos para evitar
la transmisión de microorganismos de un alimento a otro.
Con frecuencia olvidamos que las carnes crudas poseen mayor número
de microorganismos. Las descongelamos y/o las cortamos en la misma tabla
donde pondremos otros alimentos que se ingieren crudos, traspasándose
así los microorganismos a este último.
Las verduras sin limpiar se colocan junto a alimentos limpios, contaminándose.
Muchas veces al preparar un plato no lavamos nuestras manos o cuchillos
con detergente y suficiente agua (chorro). Al picar o cortar, alimentos
fuentes de mayor número de microorganismos como los productos carneos,
cecinas o verduras o frutas sin lavar, traspasamos los microorganismos
al preparar un alimento que consumiremos crudo o cocinado a menos de 65°
Celsius. Otro foco frecuente es algo en que nunca pensamos: las esponjas
o paños de limpieza. Estos con frecuencia no se lavan prolijamente
después de su uso o incluso se dejan encima del horno, dando lugar
a una incubación acelerada de microorganismos. Otras veces las
mismas se utilizan para limpiar la mesa y luego los platos o el mesón
de trabajo de la preparación de carnes crudas. En todos estos casos
actúan como vehículos de transporte gratuito de microorganismos
entre diferentes focos.
Formas de reducir el número de microorganismos
1) Cocción a más de 70 grados Celsius.
2) Uso de conservantes que impiden el crecimiento de gérmenes:
Sustancia ácidas, los nitritos (en cecinas) y otros presentes en
alimentos envasados, bien manejados aseguran un producto sin riesgo. Normalmente
todo producto envasado o en conserva posee una a 10 células de
microorganismos por gramo de tejido, haciéndose necesarias 12 horas
de incubación para alcanzar el millón de gérmenes.
3) Refrigeración o congelamiento: El frío reduce el desarrollo
de gérmenes, es decir, se enlentece, debemos conocer que nunca
se detiene. Por ejemplo, el cólera se mantiene aún a menos
de 70 grados Celsius.
Sólo un descongelamiento rápido permite reducir el número
de gérmenes, si se hace a temperatura ambiente los gérmenes
se reactivan.
Si un producto congelado pasa directamente a altas temperaturas (mayor
de 70 grados Celsius, como al freír) se obtiene la mayor destrucción
de gérmenes.
Focos más frecuentes de infección que debe conocer
Los alimentos más frecuentemente reportados en el Instituto de
Salud Pública son los siguientes:
En lácteos
El queso mantecoso
En helados
Los helados de máquina
En productos envasados de cereales
Sólo aquellos con hongos visibles
En productos de panadería o confitería
Las cremas, pasteles y chocolates
En alimentos de uso infantil
Las leches preparadas y mal mantenidas
En productos carneos
Platos preparados con longanizas
En pescados y mariscos
Los crudos, el ceviche o aquellos mal faenados
En huevos y subproductos
La cáscara y la yema de huevo y mayonesas artesanales
En frutas y verduras
Aquellas donde su superficie es más difícil de
lavar, crecen a ras del suelo y/o su grado de acidez es bajo: frutillas,
lechugas, berros
Platos preparados
Aquellos con mayor procesamiento manual: por ejemplo, tomate picado
Aquellos con salsas y mayonesas
Aquellos con procesamiento de subproductos carneos: longanizas y cecinas.
Recomendaciones
En el hogar:
1) Lave frecuentemente sus manos y utensilios de cocina con detergente
y bajo el chorro de agua caliente.
2) Utilice esponjas diferentes para la mesa, platos y cubiertos y para
la limpieza de los mesones de trabajo.
3) No disponga o guarde alimentos crudos junto a cocidos, ni verduras
o frutas no lavadas junto a platos preparados o alimentos limpios: dispóngalos
en forma separada, utilizando bolsas o envases plásticos.
4) Si el plato que ha preparado se reutilizará, usted debe evitar
que permanezca a temperatura ambiente. Si ya pasó más de
2 horas afuera, debe calentarlo sobre 70 grados Celsius para reducir el
riesgo de infecciones; luego, proceda a refrigerarlo. La refrigeración
mantenida a 5 grados Celsius le permite utilizarlo hasta 3 a 7 días
después.
Al comer fuera de su casa en verano:
1) Prefiera alimentos sin salsas o cremas.
2) Si existen salsas en la mesa, tóquelas, si están a temperatura
ambiente: no las consuma.
3) No consuma mariscos, carnes o pescados crudos.
4) Los platos preparados del autoservicio deben estar refrigerados o recalentándose
a más de 65 - 70 grados Celsius para asegurar su estado por más
de 2 horas. Si llevan más de 2 horas afuera están con mayor
número de microorganismos: no los consuma.
5) En autoservicios, prefiera aquellos alimentos envasados o con gran
demanda del público, asegura un recambio adecuado de las comidas.
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