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Lo que todos debemos saber respecto los diferentes tipo de Hepatitis y su prevención

La hepatitis es una enfermedad viral que agrupa a varias infecciones producidas por organismos diferentes que al inicio producen síntomas similares. Las más conocidas son las Hepatitis A, B, C, D, E y G, pero se siguen detectando otros tipos. Se diferencian principalmente por sus mecanismos de transmisión y los daños que provocan a largo plazo. Para establecer el diagnóstico, la determinación del tipo de organismo que afecta a la persona (A, B, C, etc.) se lleva a cabo a través de exámenes de laboratorio.

Las formas más comunes son Hepatitis A (o Hepatitis infecciosa) y Hepatitis B (o Hepatitis serológica).

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Etiología
El diagnóstico etiológico consiste en la identificación de los agentes causantes de la infección y puede realizarse con técnicas serológicas, inmunohistoquímicas o moleculares.

¿Qué es la Hepatitis A?
Es una infección causada por un virus clasificado como Hepatovirus, miembro de la familia Picornaviridae.

La enfermedad tiene una forma leve, que dura una o dos semanas y una forma grave e incapacitante, que no es frecuente y dura varios meses.

La gravedad de la enfermedad aumenta con la edad, pero lo más común es que la persona se restablezca completamente, sin secuelas. En personas mayores de 50 años se pueden presentar casos de hepatitis fulminante.

Aunque la convalecencia de la enfermedad es prolongada y el enfermo demora 4 a 6 semanas en recuperar su actividad normal, el virus que la provoca desaparece solo y la infección no está asociada a enfermedad crónica del hígado. Sin embargo, en aproximadamente un 0.1% de los pacientes se produce una falla fulminante en este órgano.

Menos de un 20% de los pacientes con Hepatitis A, en su forma aguda, requieren hospitalización y la enfermedad raramente es mortal. En Chile, la mortalidad del período 1986-1997 varió entre 0.3 y 0.4 por cien mil habitantes.

¿Cuáles son los síntomas de la Hepatitis A?
El comienzo de la enfermedad por lo general es repentino e incluye fiebre, malestar general, decaimiento, falta de apetito, náuseas y molestias abdominales; luego de 4 o 5 días se puede presentar ictericia. Este último signo se caracteriza por un color amarillento en la piel, en las mucosas y, especialmente, en la parte blanca del ojo. Por otra parte, la orina puede presentar un color oscuro, similar al del té cargado (coluria).

Especialmente en niños, la enfermedad suele no presentar signos o pueden estar muy disminuidos. La mayoría de los adultos, en cambio, presenta síntomas que incluyen ictericia.

¿Cómo se transmite la Hepatitis A?
El reservorio del virus es el ser humano y, en raras ocasiones, chimpancés u otros primates no humanos, pero no se ha documentado transmisión de animales al ser humano.

Su incubación es de 15 a 45 días, con un promedio de 30 días, pero el período de infección es de corta duración. El virus se replica en el hígado y el enfermo lo elimina en altas concentraciones por las heces. El período de mayor posibilidad de contagio se produce 2 semanas antes de la presentación de los síntomas y continúa una semana después de que éstos han comenzado. En niños prematuros infectados, la excreción del virus es más prolongada y puede durar hasta 6 meses. No se ha encontrado virus en la orina y otros fluidos de la persona infectada.

La Hepatitis A se transmite de una persona a otra vía fecal-oral, generalmente a través de contactos dentro del hogar o contacto sexual con una persona infectada; la infección se produce por ingestión de agua o alimentos contaminados con heces de un enfermo; por riego con aguas servidas y falta de medidas adecuadas de higiene en la manipulación de alimentos. Se ha observado transmisión directa en hombres que tienen sexo con hombres.

Otra vía de infección es la ingestión de mariscos, especialmente bivalvos, crudos o insuficientemente cocidos.

En algunas circunstancias, la infección se puede producir a través de transfusiones de sangre o de hemoderivados, aunque esta situación es muy poco frecuente.

El virus no se transmite por compartir utensilios, cigarrillos o besar a una persona infectada.

Esta enfermedad se presenta en forma individual o en brotes en lugares cerrados como escuelas, sitios de trabajo, etc.

¿Cómo se previene esta enfermedad?

Como norma general, los factores que impiden el contagio de la hepatitis y otras enfermedades entéricas, como la tifoidea y el cólera son la higiene de las personas, especialmente el lavado de las manos; la higiene de los alimentos, en su almacenamiento, preparación y consumo y la higiene del medio ambiente, del agua y de la disposición de excretas.

 1. Lavado de manos:
• antes de preparar alimentos;
• antes de consumir alimentos;
• después de manipular dinero;
• después de usar el servicio higiénico;
• después de cambiar pañales;
• después de toser o estornudar, cuando se ha tapado la boca con ellas.

 2. Higiene de los alimentos: 
• beber sólo agua potable o, si no dispone de ella, hervirla durante 1 a 2 minutos;
• consumir hervida la leche si no viene envasada;
• lavar cuidadosamente las verduras que crecen a ras de suelo y hacerlas hervir de 1 a 2 minutos;
• lavar y dejar en agua con cloro (10 minutos) las verduras con cáscara (como tomates, pepinos, pimentón o zapallitos italianos),  enjuagando después varias veces bajo el chorro de agua;
• lavar prolijamente pescados y mariscos y luego hervirlos por lo menos un minuto.

  3. Eliminación de excretas e higiene del agua y del medio ambiente: 

• lave diariamente los artefactos del baño (lavamanos, taza, baño) con agua, detergente y cloro;
• preocúpese del mantenimiento e higiene de las letrinas sanitarias;
• elimine adecuadamente las excretas humanas (entierro, pozo séptico, letrina, desagüe);
• cuide los cursos de agua, a fin de no contaminarlos con bacterias provenientes de excrementos, de lavado de alimentos y utensilios o de baños recreacionales;
• use sólo agua limpia para regar hortalizas.

  4. En casos de hombres que tienen sexo con hombres, la prevención más efectiva es la vacunación, independiente de las edades de los sujetos.


  5. Si la evidencia indica que existen brotes entre usuarios de drogas ilegales, inyectables o no, también se recomienda vacunar contra Hepatitis A.


¿Qué es la Hepatitis B?
Es una infección causada por un virus hepadnavirus de la familia Hepadnaviridae, que ataca el hígado, pudiendo producir daños severos a este órgano y, en algunos casos, la muerte.

Esta enfermedad es un problema de salud pública que afecta a personas en todo el mundo. Las estadísticas indican que una de cada 100 personas que tienen hepatitis B desarrolla formas fulminantes de la enfermedad que obligan, en situaciones extremas, a un transplante hepático. Otras pueden derivar en cáncer de hígado.

¿Cuáles son los síntomas de la Hepatitis B?
Cuando se presenta la enfermedad, los casos clínicos pueden tener los siguientes síntomas: ictericia (piel y ojos toman un tono amarillento), orina oscura, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, fiebre, molestias estomacales, mucho cansancio, malestar general, sensibilidad del cuadrante superior derecho del cuerpo. Sin embargo, no todas las personas infectadas desarrollan los síntomas de la enfermedad.

Por otra parte, un porcentaje de aquellos que se enferman continúan llevando el virus después que han pasado los síntomas. Estas personas, llamadas portadores, tienen la enfermedad en forma crónica y pueden infectar a sus contactos por el resto de su vida.

Se reconocen, por lo tanto, diferentes formas de presentación de la enfermedad:

Hepatitis B aguda

Alrededor de un 25% de las personas que contraen esta enfermedad tienen los síntomas clínicos, incluyendo ictericia.

Un alto porcentaje de personas infectadas no tiene síntomas, por lo que no se diagnostica la enfermedad.

Menos del 1% de las personas con Hepatitis B aguda tienen la enfermedad en su forma fulminante, con consecuencias de muerte o necesidad de transplante hepático de urgencia.

Hepatitis B crónica

Se estima que el 80% de las personas que han tenido infección aguda no logran desarrollar una respuesta inmunitaria que les permita eliminar el virus, transformándose en portadores crónicos.

Luego de un período que puede variar entre algunos años hasta más de 20 o 30 años, cerca de un 25% de estos portadores crónicos pueden presentar daños hepáticos, como cirrosis severa con insuficiencia hepática grave que puede llevar a la muerte.

¿Cómo se transmite la Hepatitis B?

A diferencia de la Hepatitis A, en su forma B la Hepatitis no se transmite por vía fecal-oral. El virus de la Hepatitis B se encuentra en la sangre y en casi todos los fluidos corporales, sin embargo, sólo se ha demostrado que son infectantes la sangre, la saliva, el semen y las secreciones vaginales. Así, se puede transmitir el virus por:

• contacto directo con la sangre de una persona infectada, a través de agujas y otros elementos cortopunzantes contaminados y por contacto de lesiones de la piel o mucosas con sangre contaminada;
• relaciones sexuales con una persona infectada;
• vía perinatal, de madre infectada al recién nacido en el momento del parto.

El hecho de que una persona ya tenga Hepatitis A o C, que también se transmite por sangre, no impide que se infecte con Hepatitis B.

¿Cómo se previene la Hepatitis B?
Existe una vacuna preventiva que la OMS ha recomendado agregar a los programas nacionales de inmunización sistemática de lactantes, adolescentes o ambos grupos en todos los países, lo que sucede en aproximadamente 100 naciones.

En Chile, esta vacuna no está incluida en el programa obligatorio, pero se aplica a grupos considerados de riesgo, como el personal de salud con riesgo a exposición a sangre, pacientes en hemodiálisis y a personas que determine la autoridad de un Hospital o un Servicio de Salud, de acuerdo al riesgo al que se consideren expuestas y sus condiciones de salud.

Por otra parte, los recién nacidos de madres infectadas con el virus de la Hepatitis B tienen grandes posibilidades de desarrollar la enfermedad en forma crónica, por lo cual es muy importante que la mujer embarazada conozca si tiene la infección antes del parto. Si el examen es positivo, es recomendable que el niño sea vacunado al nacimiento y luego al cumplir un año.

¿Quiénes están en riesgo de infectarse con el virus de la Hepatitis B?
Aunque esta enfermedad no es común en la población general, existen grupos de personas en mayor riesgo de adquirirla. Estos están constituidos por personas que:

• trabajan en contacto directo con sangre humana;
• viven en la misma casa con alguien que tiene la infección crónica;
• comparten escobillas de dientes o máquinas de afeitar con personas infectadas;
• usan drogas ilícitas inyectables;
• tienen más de una pareja sexual, tanto heterosexual como homosexual;
• trabajan o viven en instituciones para personas discapacitadas mentalmente;
• viajan a áreas de gran prevalencia de la enfermedad;
• tienen hemofilia;
• están en diálisis.

Actualmente en el mundo y específicamente en Chile, la transmisión de la infección por transfusiones sanguíneas o hemoderivados es muy poco probable, ya que desde 1983 los bancos de sangre llevan a cabo los exámenes de Hepatitis B y Hepatitis C en forma rutinaria, junto con los test de Sífilis (VDRL), Sida (HIV), Chagas, entre otros. 

¿Qué hacer en caso de sospecha de infección con el virus de la Hepatitis B?

Aunque no existe un tratamiento específico para la Hepatitis B aguda, al tener contacto a través de cualquiera de las formas mencionadas con el virus o presentar los síntomas característicos de la enfermedad, es importante consultar en un establecimiento de salud para confirmar el diagnóstico a través de pruebas de laboratorio; recibir vacunación, si así lo determina el médico tratante, y conocer las medidas necesarias para evitar el contagio a otras personas.

Por otra parte, en caso de confirmarse la infección, el personal de salud debe efectuar la notificación correspondiente. La rápida identificación y notificación de los casos de Hepatitis B aguda es fundamental para monitorear la incidencia de la enfermedad en los diferentes grupos de edad de la población; determinar las características epidemiológicas de las personas infectadas; conocer la fuente de infección y tomar las medidas preventivas para evitar la transmisión a los contactos.

La profilaxis contra la infección por virus de la Hepatitis B se realiza a través de educación, vacunación y uso de Inmunoglobulina HB. La última provee protección temporal por sólo 3 a 6 meses y está indicada sólo en ciertas post-exposiciones (perinatal y percutánea).

La duración del período de protección otorgado por la vacuna aún no está claro, algunos investigadores han encontrado lapsos que varían entre 5 a 10 años.

Hepatitis C
El virus de la Hepatitis C, pertenece a la familia Flaviviridae. Es un virus ARN con más de 3.000 aminoácidos en su genoma, que se encuentra en la sangre de las personas infectadas. Este virus no se transmite tan fácilmente como los de las Hepatitis A y B. El período de incubación varía entre 6 semanas y 6 meses.

Investigadores en Japón y USA han calculado que desde la infección hasta el reconocimiento de Hepatitis crónica, pasan entre 10 y 13 años, 20 años hasta la cirrosis y 30 o más hasta el cáncer hepático.

El tratamiento actual de la Hepatitis C es de alto costo y consiste en la inyección de Interferón alfa –2b (proteína del sistema inmunitario que ataca la infección viral) por un período de 6 a 18 meses en dosis de 3 inyecciones semanales. Este tratamiento es efectivo en aproximadamente un 20 % de los individuos. No existe vacuna para prevenir la enfermedad y tampoco es útil el uso de gamma globulina.

Para mayor información sobre Hepatitis C, visite:

http://www.colmena.cl/colmena/newsletter/octubre/educativa.html

Hepatitis D
El virus de la Hepatitis Delta (HDV) es un virus defectuoso de un sólo cordón de RNA, que requiere del virus de la Hepatitis B (HBV) para replicarse y para sintetizar la proteína usada para encapsular su genoma.

La Hepatitis por Virus Delta puede ser adquirida como coinfección con Hepatitis por virus B o como una sobreinfección de la Hepatitis B crónica. Las personas con coinfección HBV-HDV pueden tener una enfermedad aguda más severa o un alto riesgo de Hepatitis fulminante (2 – 20%) comparados con aquellos infectados sólo con Hepatitis B. En estudios a largo plazo, se ha encontrado que los portadores de Hepatitis B crónica con sobreinfección por Hepatitis D han desarrollado evidencias de enfermedad crónica del hígado con cirrosis (un 70 a 80% de ellos, comparado con un 15%-30% de pacientes con sólo Hepatitis B crónica).

Las formas de transmisión del HDV son similares a las del HBV, siendo la exposición percutánea la más eficiente. La transmisión sexual del HDV es menos eficiente que la del HBV y la transmisión perinatal es rara.

El anticuerpo contra el virus D, también llamado Anti-HDV, generalmente declina a niveles no detectables después de resuelta la infección y no hay marcadores serológicos que persistan para indicar que el paciente alguna vez estuvo infectado con HDV. El antígeno para Hepatitis Delta (HDAg) puede ser detectado en el suero de sólo un 25% (aproximadamente) de los pacientes con coinfección HBV-HDV. Los antígenos para Hepatitis Delta generalmente desaparecen, por lo tanto, la mayoría de los pacientes no desarrolla infección crónica.

Los exámenes para detectar IgG Anti-HDV (anticuerpo contra virus D tipo IgG) están disponibles en forma comercial en los Estados Unidos, pero los exámenes para IgM Anti-HDV (anticuerpo contra virus D tipo IgM), HDAg y HDV RNA por PCR (RNA viral por reacción de polimerización en cadena) están disponibles solamente en laboratorios de investigación.

La prevalencia de Hepatitis D, en portadores de Hepatitis B es < 10% y en pacientes con enfermedades del hígado relacionadas con Hepatitis B es < 25%.

Debido a que la Hepatitis D es dependiente de la Hepatitis B para su replicación, la coinfección HBV-HDV puede prevenirse con la misma profilaxis que para la Hepatitis B. Sin embargo, no existen productos para prevenir la sobreinfección por Hepatitis D de los enfermos crónicos con Hepatitis B. Por lo tanto, la prevención para la sobreinfección con Hepatitis D depende principalmente de la reducción de las conductas de riesgo y de la educación.

Una terapia efectiva de esta patología, dado su complejidad serológica es difícil. Algunos estudios han encontrado que el tratamiento con altas dosis de Interferón alfa (5 millones de unidades diarias o 9 – 10 millones de unidades 3 veces por semana) condujo a la desaparición del antígeno de superficie (HbsAg) del suero en un 15 a 25% de los pacientes.

   

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