Etiología
El diagnóstico etiológico consiste en la identificación
de los agentes causantes de la infección y puede realizarse con
técnicas serológicas, inmunohistoquímicas o moleculares.
¿Qué es la Hepatitis A?
Es una infección causada por un virus clasificado como Hepatovirus,
miembro de la familia Picornaviridae.
La enfermedad tiene una forma leve, que dura una o dos semanas y una forma
grave e incapacitante, que no es frecuente y dura varios meses.
La gravedad de la enfermedad aumenta con la edad, pero lo más común
es que la persona se restablezca completamente, sin secuelas. En personas
mayores de 50 años se pueden presentar casos de hepatitis fulminante.
Aunque la convalecencia de la enfermedad es prolongada y el enfermo demora
4 a 6 semanas en recuperar su actividad normal, el virus que la provoca
desaparece solo y la infección no está asociada a enfermedad
crónica del hígado. Sin embargo, en aproximadamente un 0.1%
de los pacientes se produce una falla fulminante en este órgano.
Menos de un 20% de los pacientes con Hepatitis A, en su forma aguda, requieren
hospitalización y la enfermedad raramente es mortal. En Chile,
la mortalidad del período 1986-1997 varió entre 0.3 y 0.4
por cien mil habitantes.
¿Cuáles son los síntomas de la Hepatitis
A?
El comienzo de la enfermedad por lo general es repentino e incluye fiebre,
malestar general, decaimiento, falta de apetito, náuseas y molestias
abdominales; luego de 4 o 5 días se puede presentar ictericia.
Este último signo se caracteriza por un color amarillento en la
piel, en las mucosas y, especialmente, en la parte blanca del ojo. Por
otra parte, la orina puede presentar un color oscuro, similar al del té
cargado (coluria).
Especialmente en niños, la enfermedad suele no presentar signos
o pueden estar muy disminuidos. La mayoría de los adultos, en cambio,
presenta síntomas que incluyen ictericia.
¿Cómo se transmite la Hepatitis A?
El reservorio del virus es el ser humano y, en raras ocasiones, chimpancés
u otros primates no humanos, pero no se ha documentado transmisión
de animales al ser humano.
Su incubación es de 15 a 45 días, con un promedio de 30
días, pero el período de infección es de corta duración.
El virus se replica en el hígado y el enfermo lo elimina en altas
concentraciones por las heces. El período de mayor posibilidad
de contagio se produce 2 semanas antes de la presentación de los
síntomas y continúa una semana después de que éstos
han comenzado. En niños prematuros infectados, la excreción
del virus es más prolongada y puede durar hasta 6 meses. No se
ha encontrado virus en la orina y otros fluidos de la persona infectada.
La Hepatitis A se transmite de una persona a otra vía fecal-oral,
generalmente a través de contactos dentro del hogar o contacto
sexual con una persona infectada; la infección se produce por ingestión
de agua o alimentos contaminados con heces de un enfermo; por riego con
aguas servidas y falta de medidas adecuadas de higiene en la manipulación
de alimentos. Se ha observado transmisión directa en hombres que
tienen sexo con hombres.
Otra vía de infección es la ingestión de mariscos,
especialmente bivalvos, crudos o insuficientemente cocidos.
En algunas circunstancias, la infección se puede producir a través
de transfusiones de sangre o de hemoderivados, aunque esta situación
es muy poco frecuente.
El virus no se transmite por compartir utensilios, cigarrillos o besar
a una persona infectada.
Esta enfermedad se presenta en forma individual o en brotes en lugares
cerrados como escuelas, sitios de trabajo, etc.
¿Cómo se previene esta enfermedad?
Como norma general, los factores que impiden el contagio de la hepatitis
y otras enfermedades entéricas, como la tifoidea y el cólera
son la higiene de las personas, especialmente el lavado de las manos;
la higiene de los alimentos, en su almacenamiento, preparación
y consumo y la higiene del medio ambiente, del agua y de la disposición
de excretas.
1. Lavado de manos:
• antes de preparar alimentos;
• antes de consumir alimentos;
• después de manipular dinero;
• después de usar el servicio higiénico;
• después de cambiar pañales;
• después de toser o estornudar, cuando se ha tapado la boca
con ellas.
2. Higiene de los alimentos:
• beber sólo agua potable o, si no dispone de ella, hervirla
durante 1 a 2 minutos;
• consumir hervida la leche si no viene envasada;
• lavar cuidadosamente las verduras que crecen a ras de suelo y
hacerlas hervir de 1 a 2 minutos;
• lavar y dejar en agua con cloro (10 minutos) las verduras con
cáscara (como tomates, pepinos, pimentón o zapallitos italianos),
enjuagando después varias veces bajo el chorro de agua;
• lavar prolijamente pescados y mariscos y luego hervirlos por lo
menos un minuto.
3. Eliminación de excretas e higiene del agua y del
medio ambiente:
• lave diariamente los artefactos del baño (lavamanos, taza,
baño) con agua, detergente y cloro;
• preocúpese del mantenimiento e higiene de las letrinas
sanitarias;
• elimine adecuadamente las excretas humanas (entierro, pozo séptico,
letrina, desagüe);
• cuide los cursos de agua, a fin de no contaminarlos con bacterias
provenientes de excrementos, de lavado de alimentos y utensilios o de
baños recreacionales;
• use sólo agua limpia para regar hortalizas.
4. En casos de hombres que tienen sexo con hombres, la
prevención más efectiva es la vacunación, independiente
de las edades de los sujetos.
5. Si la evidencia indica que existen brotes entre usuarios
de drogas ilegales, inyectables o no, también se recomienda vacunar
contra Hepatitis A.
¿Qué es la Hepatitis B?
Es una infección causada por un virus hepadnavirus de la familia
Hepadnaviridae, que ataca el hígado, pudiendo producir daños
severos a este órgano y, en algunos casos, la muerte.
Esta enfermedad es un problema de salud pública que afecta a personas
en todo el mundo. Las estadísticas indican que una de cada 100
personas que tienen hepatitis B desarrolla formas fulminantes de la enfermedad
que obligan, en situaciones extremas, a un transplante hepático.
Otras pueden derivar en cáncer de hígado.
¿Cuáles son los síntomas de la Hepatitis
B?
Cuando se presenta la enfermedad, los casos clínicos pueden tener
los siguientes síntomas: ictericia (piel y ojos toman un tono amarillento),
orina oscura, pérdida de apetito, náuseas, vómitos,
fiebre, molestias estomacales, mucho cansancio, malestar general, sensibilidad
del cuadrante superior derecho del cuerpo. Sin embargo, no todas las personas
infectadas desarrollan los síntomas de la enfermedad.
Por otra parte, un porcentaje de aquellos que se enferman continúan
llevando el virus después que han pasado los síntomas. Estas
personas, llamadas portadores, tienen la enfermedad en forma crónica
y pueden infectar a sus contactos por el resto de su vida.
Se reconocen, por lo tanto, diferentes formas de presentación de
la enfermedad:
Hepatitis B aguda
Alrededor de un 25% de las personas que contraen esta enfermedad tienen
los síntomas clínicos, incluyendo ictericia.
Un alto porcentaje de personas infectadas no tiene síntomas, por
lo que no se diagnostica la enfermedad.
Menos del 1% de las personas con Hepatitis B aguda tienen la enfermedad
en su forma fulminante, con consecuencias de muerte o necesidad de transplante
hepático de urgencia.
Hepatitis B crónica
Se estima que el 80% de las personas que han tenido infección aguda
no logran desarrollar una respuesta inmunitaria que les permita eliminar
el virus, transformándose en portadores crónicos.
Luego de un período que puede variar entre algunos años
hasta más de 20 o 30 años, cerca de un 25% de estos portadores
crónicos pueden presentar daños hepáticos, como cirrosis
severa con insuficiencia hepática grave que puede llevar a la muerte.
¿Cómo se transmite la Hepatitis B?
A diferencia de la Hepatitis A, en su forma B la Hepatitis no se transmite
por vía fecal-oral. El virus de la Hepatitis B se encuentra en
la sangre y en casi todos los fluidos corporales, sin embargo, sólo
se ha demostrado que son infectantes la sangre, la saliva, el semen y
las secreciones vaginales. Así, se puede transmitir el virus por:
• contacto directo con la sangre de una persona infectada, a través
de agujas y otros elementos cortopunzantes contaminados y por contacto
de lesiones de la piel o mucosas con sangre contaminada;
• relaciones sexuales con una persona infectada;
• vía perinatal, de madre infectada al recién nacido
en el momento del parto.
El hecho de que una persona ya tenga Hepatitis A o C, que también
se transmite por sangre, no impide que se infecte con Hepatitis B.
¿Cómo se previene la Hepatitis B?
Existe una vacuna preventiva que la OMS ha recomendado agregar a los programas
nacionales de inmunización sistemática de lactantes, adolescentes
o ambos grupos en todos los países, lo que sucede en aproximadamente
100 naciones.
En Chile, esta vacuna no está incluida en el programa obligatorio,
pero se aplica a grupos considerados de riesgo, como el personal de salud
con riesgo a exposición a sangre, pacientes en hemodiálisis
y a personas que determine la autoridad de un Hospital o un Servicio de
Salud, de acuerdo al riesgo al que se consideren expuestas y sus condiciones
de salud.
Por otra parte, los recién nacidos de madres infectadas con el
virus de la Hepatitis B tienen grandes posibilidades de desarrollar la
enfermedad en forma crónica, por lo cual es muy importante que
la mujer embarazada conozca si tiene la infección antes del parto.
Si el examen es positivo, es recomendable que el niño sea vacunado
al nacimiento y luego al cumplir un año.
¿Quiénes están en riesgo de infectarse con
el virus de la Hepatitis B?
Aunque esta enfermedad no es común en la población general,
existen grupos de personas en mayor riesgo de adquirirla. Estos están
constituidos por personas que:
• trabajan en contacto directo con sangre humana;
• viven en la misma casa con alguien que tiene la infección
crónica;
• comparten escobillas de dientes o máquinas de afeitar con
personas infectadas;
• usan drogas ilícitas inyectables;
• tienen más de una pareja sexual, tanto heterosexual como
homosexual;
• trabajan o viven en instituciones para personas discapacitadas
mentalmente;
• viajan a áreas de gran prevalencia de la enfermedad;
• tienen hemofilia;
• están en diálisis.
Actualmente en el mundo y específicamente en Chile, la transmisión
de la infección por transfusiones sanguíneas o hemoderivados
es muy poco probable, ya que desde 1983 los bancos de sangre llevan a
cabo los exámenes de Hepatitis B y Hepatitis C en forma rutinaria,
junto con los test de Sífilis (VDRL), Sida (HIV), Chagas, entre
otros.
¿Qué hacer en caso de sospecha de infección con el
virus de la Hepatitis B?
Aunque no existe un tratamiento específico para la Hepatitis B
aguda, al tener contacto a través de cualquiera de las formas mencionadas
con el virus o presentar los síntomas característicos de
la enfermedad, es importante consultar en un establecimiento de salud
para confirmar el diagnóstico a través de pruebas de laboratorio;
recibir vacunación, si así lo determina el médico
tratante, y conocer las medidas necesarias para evitar el contagio a otras
personas.
Por otra parte, en caso de confirmarse la infección, el personal
de salud debe efectuar la notificación correspondiente. La rápida
identificación y notificación de los casos de Hepatitis
B aguda es fundamental para monitorear la incidencia de la enfermedad
en los diferentes grupos de edad de la población; determinar las
características epidemiológicas de las personas infectadas;
conocer la fuente de infección y tomar las medidas preventivas
para evitar la transmisión a los contactos.
La profilaxis contra la infección por virus de la Hepatitis B se
realiza a través de educación, vacunación y uso de
Inmunoglobulina HB. La última provee protección temporal
por sólo 3 a 6 meses y está indicada sólo en ciertas
post-exposiciones (perinatal y percutánea).
La duración del período de protección otorgado por
la vacuna aún no está claro, algunos investigadores han
encontrado lapsos que varían entre 5 a 10 años.
Hepatitis C
El virus de la Hepatitis C, pertenece a la familia Flaviviridae. Es un
virus ARN con más de 3.000 aminoácidos en su genoma, que
se encuentra en la sangre de las personas infectadas. Este virus no se
transmite tan fácilmente como los de las Hepatitis A y B. El período
de incubación varía entre 6 semanas y 6 meses.
Investigadores en Japón y USA han calculado que desde la infección
hasta el reconocimiento de Hepatitis crónica, pasan entre 10 y
13 años, 20 años hasta la cirrosis y 30 o más hasta
el cáncer hepático.
El tratamiento actual de la Hepatitis C es de alto costo y consiste en
la inyección de Interferón alfa –2b (proteína
del sistema inmunitario que ataca la infección viral) por un período
de 6 a 18 meses en dosis de 3 inyecciones semanales. Este tratamiento
es efectivo en aproximadamente un 20 % de los individuos. No existe vacuna
para prevenir la enfermedad y tampoco es útil el uso de gamma globulina.
Para mayor información sobre Hepatitis C, visite:
http://www.colmena.cl/colmena/newsletter/octubre/educativa.html
Hepatitis D
El virus de la Hepatitis Delta (HDV) es un virus defectuoso de un sólo
cordón de RNA, que requiere del virus de la Hepatitis B (HBV) para
replicarse y para sintetizar la proteína usada para encapsular
su genoma.
La Hepatitis por Virus Delta puede ser adquirida como coinfección
con Hepatitis por virus B o como una sobreinfección de la Hepatitis
B crónica. Las personas con coinfección HBV-HDV pueden tener
una enfermedad aguda más severa o un alto riesgo de Hepatitis fulminante
(2 – 20%) comparados con aquellos infectados sólo con Hepatitis
B. En estudios a largo plazo, se ha encontrado que los portadores de Hepatitis
B crónica con sobreinfección por Hepatitis D han desarrollado
evidencias de enfermedad crónica del hígado con cirrosis
(un 70 a 80% de ellos, comparado con un 15%-30% de pacientes con sólo
Hepatitis B crónica).
Las formas de transmisión del HDV son similares a las del HBV,
siendo la exposición percutánea la más eficiente.
La transmisión sexual del HDV es menos eficiente que la del HBV
y la transmisión perinatal es rara.
El anticuerpo contra el virus D, también llamado Anti-HDV, generalmente
declina a niveles no detectables después de resuelta la infección
y no hay marcadores serológicos que persistan para indicar que
el paciente alguna vez estuvo infectado con HDV. El antígeno para
Hepatitis Delta (HDAg) puede ser detectado en el suero de sólo
un 25% (aproximadamente) de los pacientes con coinfección HBV-HDV.
Los antígenos para Hepatitis Delta generalmente desaparecen, por
lo tanto, la mayoría de los pacientes no desarrolla infección
crónica.
Los exámenes para detectar IgG Anti-HDV (anticuerpo contra virus
D tipo IgG) están disponibles en forma comercial en los Estados
Unidos, pero los exámenes para IgM Anti-HDV (anticuerpo contra
virus D tipo IgM), HDAg y HDV RNA por PCR (RNA viral por reacción
de polimerización en cadena) están disponibles solamente
en laboratorios de investigación.
La prevalencia de Hepatitis D, en portadores de Hepatitis B es < 10%
y en pacientes con enfermedades del hígado relacionadas con Hepatitis
B es < 25%.
Debido a que la Hepatitis D es dependiente de la Hepatitis B para su replicación,
la coinfección HBV-HDV puede prevenirse con la misma profilaxis
que para la Hepatitis B. Sin embargo, no existen productos para prevenir
la sobreinfección por Hepatitis D de los enfermos crónicos
con Hepatitis B. Por lo tanto, la prevención para la sobreinfección
con Hepatitis D depende principalmente de la reducción de las conductas
de riesgo y de la educación.
Una terapia efectiva de esta patología, dado su complejidad serológica
es difícil. Algunos estudios han encontrado que el tratamiento
con altas dosis de Interferón alfa (5 millones de unidades diarias
o 9 – 10 millones de unidades 3 veces por semana) condujo a la desaparición
del antígeno de superficie (HbsAg) del suero en un 15 a 25% de
los pacientes. |
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