MEDICIEN: PREVENCIÓN EN EL MES DEL CORAZÓN

Aunque existe una sustancial mejoría en los resultados de la enfermedad cardiovascular aterosclerótica en las últimas décadas, ésta sigue siendo la causa principal de mortalidad a nivel mundial.

En nuestro país, según los últimos datos del INE, durante el año 2020, aún considerando la crisis sanitaria por pandemia COVID-19, las enfermedades cardiovasculares representaron la primera causa de mortalidad en Chile con un 21.6% del total de las defunciones, principalmente debido a accidente cerebrovascular e infarto agudo al miocardio. Le siguen en frecuencia los tumores malignos (21,2%), COVID-19 (17,9%) y las enfermedades del sistema respiratorio (8,2%), entre otras.  Es importante dar a conocer que, de acuerdo con la OMS, aproximadamente 70% pudieron haber sido prevenidas mediante la corrección de un pequeño número de factores de riesgo potencialmente modificables.

Sabemos que la enfermedad aterosclerótica se desarrolla de forma silente, lentamente progresiva desde edades muy tempranas y que a veces, su primera manifestación puede ser aparecer de forma súbita con un evento irreversible: muerte, infarto al miocardio o accidente cerebrovascular. Mucho de esto es atribuible a la subóptima implementación de estrategias de prevención y la falta de control de los factores de riesgo cardiovasculares en la población adulta.  

Los factores de riesgo cardiovasculares clásicos como la diabetes, hipertensión arterial, dislipidemia, tabaquismo, obesidad y sedentarismo continúan siendo los de mayor impacto en la enfermedad cardiovascular y no sólo son elementos clave en todo este proceso, sino que, además, en general son modificables y su adecuado control reduce drásticamente la aparición de eventos cardiovasculares adversos.

De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud 2016-2017, existe un 27% de sospecha de hipertensión y un 13% de sospecha de diabetes en la población chilena. El 33,3% de los chilenos fuma. El 86,7% de la población es sedentaria. El 39% tiene sobrepeso, el 31,2% es obeso y el 3,2 % es obeso mórbido, lo cual es alarmante y con la pandemia en curso, estas cifras probablemente han empeorado. Es imperativo empezar a enfocarnos en la prevención y en el tratamiento de estos factores de riesgo modificables, para lograr disminuir tanto la morbilidad como la mortalidad de causa cardiovascular.

La elevación de la presión arterial es uno de los factores de riesgo modificables más potentes para la enfermedad cardiovascular.  Los beneficios de la terapia de reducción de la presión arterial en la reducción de accidentes cerebrovasculares, infarto agudo al miocardio, insuficiencia cardíaca y mortalidad han sido demostrados en numerosos estudios.

La disglicemia, alteración en el metabolismo de la glucosa, habitualmente existe en el contexto de otras anormalidades metabólicas, incluida la obesidad, dislipidemia e hipertensión, todos factores directamente implicados en la aterotrombosis. El riesgo cardiovascular asociado a la diabetes empieza antes de que se llegue a estados de hiperglicemia.

En personas con intolerancia a la glucosa, el desarrollo de diabetes puede ser retrasado o prevenido. En pacientes con diabetes, los eventos cardiovasculares pueden ser prevenidos con un buen control de los factores de riesgo cardiovascular. Sin embargo, la prevalencia de diabetes está incrementando en la mayoría de los países, debido principalmente, a malos hábitos alimentarios y falta de actividad física.

Tanto la reducción de la presión arterial como el control de la disglicemia se pueden obtener a través de modificación del estilo de vida y terapias farmacológicas.

Es de suma importancia en la prevalencia de estos factores de riesgo el actual estilo de vida de la población, que incluye una inadecuada alimentación, tabaquismo, inactividad física y estrés, los cuales contribuyen al desarrollo de la aterosclerosis y el aumento de las enfermedades cardiovasculares.

El tabaquismo sigue siendo el factor de riesgo modificable más importante en la prevención de la mortalidad prematura y de años de vida ajustados por discapacidad y el cese del tabaquismo sigue siendo la estrategia más costo efectiva en la prevención de la enfermedad cardiovascular. Existen distintas estrategias implementadas para el cese del tabaquismo como restricciones gubernamentales y regulaciones estatales para lograr el objetivo. Los pacientes fumadores que deseen dejar el tabaquismo deben recibir asistencia profesional si es necesario.

Por años, se ha investigado la asociación entre dieta y enfermedad cardiovascular, enfocado en nutrientes individuales como el colesterol, tipos de grasas, vitaminas y minerales específicos. Estos estudios nos han dado información valiosa, pero han creado confusión y mitos en la población que han hecho del manejo dietario un problema global.  Eso ocurre porque las personas consumen alimentos y no nutrientes.

Las recomendaciones para una dieta saludable son:

  • Consumir más frutas, verduras, nueces y semillas. Recomendación porciones diarias: 2 porciones de frutas, 2-3 porciones de verduras y 1 porción de nueces/semillas al día.
  • Limitar el consumo de grasas saturadas a menos del 10% del total de las calorías diarias.
  • Usar aceites vegetales ricos en grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas, como aceites de canola y oliva extra virgen.
  • Limitar el consumo de granos refinados y azúcar. Preferir el consumo de granos integrales.
  • Consumir 1 a 2 veces por semana pescado, de preferencia altos en grasas como sardinas, atún, salmón, pejerrey y trucha.
  • No consumir carnes procesadas; limitar el consumo de carnes rojas a 2 a 3 veces por semana.
  • Evitar alimentos hechos con aceites vegetales parcialmente hidrogenados y ácidos grasos trans, como galletas, pasteles, margarinas, crema, chocolates, snacks salados como papas fritas y similares, etc.
  • Evitar el consumo de bebidas azucaradas.
  • Limitar la ingesta de sodio a máximo 5 gr de sal al día, lo que equivale a una cucharadita rasa.
  • Si consume alcohol; limitar a 2 copas al día en hombres y 1 copa en mujeres.

En cuanto al ejercicio físico, este es crucial en todas las estrategias de prevención cardiovascular, recomendada desde la infancia y debe transformarse en una actividad esencial a lo largo de la vida.  Niños y adolescentes deben hacer mínimo 30-45 minutos de ejercicio diario y mantenerse hacia la adultez. La recomendación en adultos es de 150 minutos de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad vigorosa semanal o una combinación de ambas.

Dada la magnitud de la patología cardiovascular y considerando las secuelas que ello conlleva, es de vital importancia la implementación de estrategias de prevención en todos los niveles para así lograr la identificación de personas que están en riesgo y poder hacer una intervención en el control de los factores de riesgo cardiovascular y  la adopción de estilos de vida saludable, los cuales son fundamentales en la prevención la enfermedad cardiovascular y eventos cardiovasculares mayores.

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Dra. Denisse Lama

Cardióloga

Presidenta del Departamento de Prevención Cardiovascular de la Sociedad Chilena de Cardiología.